domingo, 7 de junio de 2015

El futuro de la BBC

EL OYENTE

El futuro de la BBC

En Gran Bretaña se ha abierto un gran debate sobre el futuro de la BBC, que deberá concluir el próximo año con una nueva Carta Real (Royal Charter) para el decenio 2017-2027 e incluirá un nuevo sistema de financiación.
Cuando nació, en 1946, se impuso para financiarla, en lugar de publicidad como en España con RTVE, un canon de 2 libras (2,80 euros a precios actuales) por hogar.
Hoy cada casa paga anualmente, para mantener la radiotelevisión pública, 145,50 libras (unos 200 euros) por la televisión en color y algo más de un tercio por la de blanco y negro, si queda alguna. El año pasado los ingresos fueron de unos 5.600 millones de euros.
Las sanciones a los espectadores sin licencia en regla pueden alcanzar hasta 1.400 euros de multa e incluir pena de cárcel. La mayor parte de los parlamentarios y de los ciudadanos apoya la descriminalización de las penas y una modernización de las licencias administrativas.
Los principales diarios británicos y la propia BBC en algunos de sus programas han publicado esta semana declaraciones del director general de la corporación, Lord Hall, y de Rona Fairhead, presidenta del BBC Trust desde el año pasado.
En las cartas de los lectores y en los espacios del oyente de la BBC han llovido opiniones de toda clase: desde quienes dan por obsoleto todo el sistema público y creen llegado el momento de privatizarlo a quienes proponen una tarifa o impuesto como el alemán repartido en 12 mensualidades que tendría que pagar cada ciudadano.
En su defensa, Lord Hall presentó el 2 de marzo un primer informe sobre lo que es y lo que, en su opinión, debería ser la BBC en los próximos años: un gigante tecnológico, un pionero en la información digital y en internet, un gran competidor de los dinosaurios estadounidenses «empeñados en colonizar el mundo», una sólida herramienta de vertebración interior y de influencia exterior de Gran Bretaña, y un faro británico para el mundo.
Lord Hall ha bautizado su plan como my BBC revolution. Veremos en qué queda, pero, comparado con el debate y la ignorancia supina que hemos vivido en España sobre el asunto, produce una sana envidia.
 Fuente:  http://www.elmundo.es/